1959-1975: El arduo camino hacia la autonomía colegial
A mediados de los años cincuenta del siglo XX, los peritos industriales eran casi inexistentes desde el punto de vista social en Tenerife. Tanto la escuela industrial como la asociación y colegio profesional que los representaba estaban radicados en la capital grancanaria. En este contexto de aislamiento se crea la Delegación de la Asociación de Peritos Industriales de Las Palmas de Gran Canaria en Tenerife, con José Francisco Rodríguez Díaz como presidente.
El nuevo titular de la Delegación estaba asistido por Pedro Martín Rodríguez, el administrativo del Colegio que se desvivía por atender a sus compañeros, ayudado por Susana Linares Expósito, contratada por aquella época. En aquel entonces formaban parte del incipiente colectivo tinerfeño Nicolás Quintana Malledo, Manuel Iglesias de Ascanio, Gabriel Cubas Hernández y Juan López-Peñalver González, entre otros.
La primera misión que tuvieron Rodríguez Díaz y sus compañeros fue buscar un local de reunión. Se consiguió uno en la octava planta del número 53 de la santacrucera calle del Castillo.
En 1958, la Delegación se trasladó a un pequeño local situado en la sede del Colegio Oficial de Médicos, en la calle Horacio Nelson. La fecha coincide con la creación a nivel nacional de los primeros colegios de ingenieros, que sustituyeron prácticamente en sus funciones a las asociaciones profesionales; no obstante, se consideró conveniente que antes de desaparecer continuaran en actividad ambas corporaciones.
Las primeras elecciones para la renovación de cargos dentro de la Junta de Gobierno tinerfeña —órgano rector de la Delegación— se celebraron, en segunda convocatoria, el 18 de febrero de 1962. En ellas, Ballester resultó elegido presidente, comenzando una andadura en la que estuvo acompañado por Sergio González Espases (secretario), Ignacio Torrents González (tesorero), y, como vocales, Juan Arrate Segura y Miguel Machado González, entre otros. Tomaron posesión el 26 de febrero de 1962.
Con esta nueva junta comienza una campaña de política social y de difusión de la carrera, iniciando una campaña de captación de peritos que ejercían la profesión de forma libre para que se colegiaran.
A finales de 1963, la Delegación ya contaba con una nueva sede en el número 55 de la calle General Sanjurjo [hoy de los Sueños], facilitando la vida colegial. Las dependencias eran pequeñas, pues apenas había tres habitaciones: una sala de juntas, una biblioteca y una oficina administrativa.
Pese a estas dificultades iniciales, lo cierto es que el traslado de sede trajo consigo un relanzamiento de la vida colegial. Cada mes de marzo se celebraba la cena del patrón de la profesión, San José, y desde 1968 comenzaron a organizarse los encuentros de confraternidad con los colegiados de Las Palmas.
La vida de la Delegación coincide, también en 1964, con la Ley de Reordenación de las Enseñanzas Técnicas, que, a través de una modificación parcial de la Ley de 1957, estableció la denominación de ingeniero técnico industrial para los titulados de las escuelas técnicas de grado medio o peritos.
La colegiación de peritos industriales en Tenerife fue aumentando paulatinamente. En marzo de 1965 había 34; mientras que sólo un año más tarde llegaron al centenar. En febrero de 1966 se celebran nuevas elecciones para la renovación de la Junta de Gobierno. En ellas es reelegido Aurelio Ballester. Juan López-Peñalver le acompañará como vicepresidente.
La creciente colegiación de profesionales y el aumento de actividad en la Delegación de Tenerife provocó que el 29 de diciembre de 1967 su Junta de Gobierno acordara encargar un estudio dirigido a lograr la autorización para la transformación de esta delegación del Colegio de Las Palmas en colegio autónomo con sede en Santa Cruz de Tenerife y que, si no fuera posible en ese momento para esta independencia, que al menos fueran considerados como el Colegio de San Sebastián, que en 1960 se desvinculó del de Bilbao.
Entre los argumentos que aluden para ser autónomos señalan la creciente industrialización de Tenerife, la excesiva burocracia por depender de Las Palmas, la separación geográfica que obliga a desplazarse en avión a Gran Canaria, y la buena marcha de la economía de la Delegación, siempre independiente económicamente de la provincia vecina. El 28 de septiembre de 1968, se reúne la Junta General Extraordinaria del Colegio de Las Palmas para tratar de forma casi exclusiva esta demanda de independencia. En aquella sesión la mayoría de los colegiados de Tenerife —fletaron un
avión para poder ir— y los de Gran Canaria apoyaron el requerimiento tinerfeño, a pesar de la negativa de los principales cargos directivos de Las Palmas. El recelo de Gran Canaria estaba motivado por la debilidad que iba a provocarle ante el Consejo Superior de Madrid la escisión de Tenerife. Y es que, en aquel entonces, el número de colegiados marcaba el peso específico de cada colegio dentro del órgano nacional.
Finalmente, a esta solicitud, el presidente del Consejo Superior contesta diciendo que como se estaba estudiando el borrador de los nuevos estatutos, la Junta Ejecutiva del Consejo Superior había decidido aplazar todas las peticiones de este tipo. Los argumentos jurídicos de falta de una normativa que regulara la creación de nuevos colegios fueron poco fuertes ante las exigencias de las delegaciones que pedían el cambio.
1976-1981: Los primeros pasos como colegio oficial
La creación del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Industriales de Santa Cruz de Tenerife (COITI) no llegó hasta 1976 porque a las evasivas de Las Palmas se unieron las de otros colegios profesionales de la Península. Unas entidades que vieron cómo algunas de sus delegaciones (Córdoba, Málaga, La Coruña, Alicante, Murcia y Burgos) seguían la línea iniciada ya por Santa Cruz de Tenerife para convertirse en entidad colegial. Por este motivo, a Aurelio Ballester, primer decano del Colegio, le llegaron a denominar fuera de la isla el paladín de las Delegaciones. “La promulgación del Real Decreto 2.134 del 2 de junio de 1976 creando los nuevos colegios puso fin a las disparidades con los directivos del Colegio de Las Palmas, disfrutando en la actualidad de una cordial relación, que redunda en beneficio de nuestra profesión y de toda la comunidad canaria.
Conseguir un colegio autónomo para la provincia tinerfeña fue el principal logro de Aurelio Ballester. Fue su coronación y, al mismo tiempo, su principal legado. Ballester salió reelegido como decano del COITI el 26 de diciembre de 1977. Formaban parte de esa Junta de Gobierno Juan Arrate Segura, elegido vicedecano; Angel Bernabé Isidro, como secretario; José María Alonso Pérez, vicesecretario; Felipe Martínez Sáez, tesorero; Eleuterio Herrera Cabello, contador; y Rafael Folch y Suárez de la Guardia, como bibliotecario, entre otros. Aurelio Ballester dejó el decanato en 1980, cuando decidió no volverse a presentar como tal en las elecciones a la Junta de Gobierno, dando paso a nuevos y más jóvenes miembros. La independencia del COITI trajo consigo un considerable aumento del número
de colegiados, un hecho favorecido por la Ley de Colegios Profesionales de 1974. Desde la Junta de Gobierno del nuevo órgano colegiado tinerfeño se fomentó la participación de los profesionales en todo tipo de actividades. Esta efervescencia colegial se impulsó gracias también a la buena coyuntura económica existente en Tenerife
Juan Arrate fue primordial en la activación de la Mutualidad de Previsión Social de Peritos e Ingenieros Técnicos Industriales a Prima Fija (Mupiti) que garantiza las prestaciones sociales de estos profesionales. El entonces vicedecano del COITI realizó una destacada labor de captación de ingenieros técnicos industriales para que se afiliaran a la Mupiti. Recurrió a los profesionales tinerfeños que estaban colegiados en Las Palmas. Gracias a estas gestiones, se promocionó el denominado grupo B de la Mupiti, que garantizaba una pensión por jubilación, y posteriormente se obtuvieron nuevas prestaciones sociales, de ahí la importancia de la labor del ingeniero técnico industrial Juan Arrate, que dejó la Junta de Gobierno del COITI el 8 de febrero de 1980, al igual que Aurelio Ballester, coincidiendo con las elecciones, en las que se daría paso a una nueva generación de colegiados con Benicio Alonso a la cabeza. Felipe Martínez dejó la Tesorería del COITI y sustituyó a Arrate como delegado de la Mutualidad, asumiendo esta responsabilidad hasta 2006, cuando abandonó el Colegio, aunque sólo sea como cargo orgánico, pues Felipe siguió visitando con frecuencia la que nunca dejó de ser su casa.
El 26 de octubre de 1980, la Junta General Extraordinaria tomó el acuerdo de comprar un nuevo local para el Colegio, para lo que nombró una comisión al efecto. La compra de la nueva sede no tardó en llegar. El 30 de abril de 1981 se formalizó la adquisición de un local situado en el número 53 de la calle General Goded [hoy del Perdón], gracias a un préstamo de cuatro millones de pesetas concedido a cuatro años por la Mupiti al que fuera su mejor cliente, el Colegio de la provincia tinerfeña, que ya contaba con casi 400 colegiados.
Don Benicio Alonso (colegiado número 160) fue decano del COITI durante 12 años, cargo que compatibilizó con el de miembro de la Comisión Permanente del Consejo Nacional, donde están representados todos los colegios de ingenieros técnicos industriales de España.
1982-1996: El COITI se centra en la defensa profesional
El cambio de sede del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Industriales de Santa Cruz de Tenerife del pequeño local de la calle General Sanjurjo a uno de mayor capacidad en la antigua calle General Goded, número 53 que se inauguró el 18 de marzo de 1983, siendo decano Benicio Alonso, es una muestra del relanzamiento de la ya ingente actividad colegial. El nuevo salón de actos facilitó la asistencia a los cursos de formación que se organizaban con asiduidad debido a la creciente colegiación.
Además de la formación, disponer de un local más amplio permitió mejorar el trabajo de administración, y poner orden al papeleo, cada vez más abundante. A comienzos de la década de los ochenta aún no había recalado la informática al Colegio y esto suponía un destacado gasto de papel en circulares, notas informativas, etcétera. Toda la legislación había que fotocopiarla y repartirla entre los colegiados proyectistas.
Fue en diciembre de 1984 cuando se implantó el sistema de visado por medios informáticos. De la creciente representación profesional que ejercía el órgano colegial ante la administración pública da fe la existencia de la comisión de colegios profesionales, que desde 1981 celebraba reuniones mensuales. Este órgano estaba formado por los colegios de ingenieros y de los ingenieros técnicos industriales del Archipiélago con la Consejería de Industria del Gobierno de Canarias. Los encuentros se celebraban de forma alternativa entre Tenerife y Gran Canaria y asistían dos representantes de cada organismo. La reunión servía para analizar las nuevas leyes y cómo ponerlas en marcha. Recién estrenada la década de los ochenta, en España se activan todos los mecanismos para la defensa profesional de los ingenieros técnicos industriales en sus diversos frentes. Por un lado, el Ministerio de Industria había puesto en marcha el Decreto de Liberalización en 1980, con los certificados de final de obra específicos; por otro, se frena en los ayuntamientos y en la propia Industria la multitud de proyectos que llegan procedentes de otras profesiones, con pretensiones de legalidad, que no son aceptables. Las administraciones locales ponen en marcha a sus propios técnicos para realizar proyectos que no visan. Las naves industriales y las instalaciones de propano intentan realizarlas aparejadores y o ingenieros técnicos químicos.
A raíz del Decreto de Liberalización, el COITI creó en 1983 la figura del secretario técnico, medida pionera entre sus homólogos a nivel nacional y que más tarde asumiría el Consejo General de Colegios de Ingenieros Técnicos Industriales (Cogiti). En este contexto, la defensa profesional fue una de las principales luchas del COITI. Don Benicio Alonso participó en la consecución de la denominada Ley de Atribuciones como presidente de la Comisión de Atribuciones del Consejo Nacional de Colegios. Precisamente por estas gestiones a favor de la ingeniería técnica industrial, Benicio Alonso fue nombrado por el COITI tinerfeño decano de honor.
La Ley 12/1986 de 1 de abril, sobre las Atribuciones de los Ingenieros Técnicos y de los Arquitectos Técnicos reconocía atribuciones oficiales en su campo de actuación a todos los ingenieros técnicos y arquitectos técnicos cuya profesión estaba regulada por el Decreto recogido en el BOE número 39 de 14 de febrero de 1969. La defensa jurídica profesional fue asimismo una lucha destacada para Luis López-Peñalver que trabajó conjuntamente con Benicio Alonso. De hecho, en marzo de 1990 se contrató un seguro de responsabilidad civil para todos los colegiados ejercientes.
Otros asuntos de relevancia en esta etapa del COITI fue el comienzo de la negociación para que la ingeniería técnica industrial entrara en la Universidad de La Laguna, pues hasta entonces sólo se ofrecía en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Para ello, algunos miembros de la Junta de Gobierno mantuvieron una reunión en 1991 con la entonces rectora de la institución académica, Marisa Tejedor. Para justificar esta demanda a la propia universidad lagunera, el Colegio encargó en febrero de 1991 una encuesta de carácter provincial en centros de Formación Profesional de Tenerife y La Palma para saber quiénes estudiarían esta carrera si se impartiera en Tenerife. El resultado arrojó un total de 395 estudiantes interesados en cursar estos estudios en la Isla. Pese al rechazo inicial del equipo de gobierno de la Universidad de La Laguna, lo cierto es que el 29 de marzo de 1995 se crean las dos carreras de ingeniería. Años más tarde, esta decisión permitiría un auge en la profesión y crecimiento de colegiados en el COITI tinerfeño.
A finales del decenio de los ochenta, con el aumento de colegiados y, por tanto, con una mayor entrada de visados, el COITI disfrutaba de una holgada situación económica. En concreto, en 1991 tenía 587 profesionales inscritos y contaba con 44 millones de pesetas de presupuesto anual. En esta situación, se invirtió en la compra de una finca en Tacoronte, de 8.600 metros cuadrados. El Colegio acordó la adquisición de esta finca en marzo de 1987 y llegó a plantear, sin éxito, su uso como club social o sede colegial (esta última opción fue imposible porque las sedes debían radicar en capitales de provincia). Debido al crecimiento colegial, en marzo de 1995 se efectuó la compraventa del local anexo al edificio de la antigua calle General Goded, con la idea de ampliar la sede del COITI. Más adelante, en mayo de 1998, se vendería la citada finca de Tacoronte al restaurante colindante y, un año después, se adquirió un chalé en la capitalina calle Doctor Zerolo para convertirlo en sede del COITI. La compraventa se llevó a cabo siendo entonces decano Juan Pedro Sánchez.
En relación con la Delegación de La Palma, en 1991 se compró en la capital de esa isla un local para la sede del Colegio, que hasta entonces era de alquiler. El nuevo emplazamiento, que aún se mantiene, está en la calle Antonio Rodríguez López. El primer delegado del Colegio en La Palma fue Felipe Feliciano Felipe Felipe.
1996-2009: Fortalecimiento profesional y colegial
Al Sr. Peñalver le sucedió en el cargo D. Juan Pedro Sánchez Rodriguez. Durante su decanato y debido al crecimiento que estaba experimentando nuestro colectivo, las instalaciones de General Goded resultaron insuficientes para los más de 600 colegiados con que empezamos el segundo milenio y el empeño de la nueva Junta Directiva fue conseguir otra sede mayor. Este objetivo fue llevado a cabo mediante la adquisición de la actual sede, un chalet de tres plantas en la calle Doctor Zerolo, que fue inaugurado el 9 de noviembre de 2001, sin habernos desprendido por ello de nuestro patrimonio.
2009-2015: Lucha permanente por el avance de la Profesión
El 18 de marzo de 1996, año en el que el Colegio cumplía 20 años de existencia, tomaba posesión la Junta de Gobierno presidida por el herreño Juan Pedro Sánchez Rodríguez, tras haber conseguido casi el 64% de los votos. Sánchez estrenó su cargo de decano con 36 años y con el objetivo de “renovar y actualizar” la institución. La intención de este nuevo equipo era dar un mayor impulso a todas las actividades colegiales y, en particular, hacer del COITI un órgano más dinámico en sus relaciones con los colegiados y cargado de actividades de interés para la mayoría.
El primer gran paso fue la compra y reforma de un inmueble como nueva sede colegial en la capitalina calle Doctor Zerolo. La compraventa se materializó el 8 de octubre de 1999 y la nueva sede se inauguró el 9 de noviembre de 2001, coincidiendo con las bodas de plata del Colegio. Fue un acto sencillo al que asistió el entonces vicepresidente del Gobierno de Canarias, Adán Martín, junto a otras autoridades y representantes de organismos regionales e insulares. Seis días después se celebró por primera vez la junta de gobierno en la flamante casa colegial. Aunque el Colegio no se desprendió del local de la calle General Goded, aumentado el patrimonio, el espacioso chalé dio cabida a una ingente y necesaria actividad formativa.
En otro orden de cosas, y en lo que a prestaciones sociales se refiere, en esta primera etapa de Juan Pedro Sánchez como decano se planteó la Mutualidad de Previsión Social de Peritos e Ingenieros Técnicos Industriales a prima fija (MUPITI) como alternativa a las prestaciones de la Seguridad Social para los autónomos.
Implantar un sistema de calidad en la gestión colegial fue también un gran avance. El COITI acordó en marzo de 2002 establecer el sistema de calidad ISO 9001:2001 de AENOR para los procedimientos habituales en el funcionamiento del Colegio. Esta certificación se obtendría en 2004. El primer procedimiento que se somete a este sistema de calidad fue el visado, en todas sus facetas, que daría, tanto
al colegio como al secretario técnico, los medios para poder rechazar los proyectos sin las mínimas garantías de calidad. Cabe recordar que la Dirección General de Industria del Gobierno de Canarias había delegado a los colegios la revisión de los proyectos.
Cuatro meses más tarde, en julio de 2002, Juan Pedro Sánchez se reúne con el entonces viceconsejero de Industria, Wenceslao Berriel, para abordar, entre otros asuntos, el plan de informatización de todos los trámites, pasando los colegios a ser entidades colaboradoras de la Administración regional, lo que confirma la necesidad de tener un sistema de calidad. Ello obliga a preparar a los colegiados en informática y a incorporar personal cualificado. El desarrollo de un sistema de calidad en varios procedimientos habituales, como el visado, marcó gran parte del trabajo desarrollado.
Entre 2003 y 2004, dentro de un proyecto promovido por la Consejería de Industria, se trabajó para aplicar el programa informático que gestiona el visado electrónico, puesto en marcha en 2005. Gracias a él, se agiliza la presentación de los proyectos ante las administraciones. “Fuimos pioneros en Canarias”, subraya Sánchez. La aplicación de este nuevo servicio coincide con un considerable aumento del visado de proyectos. En apenas cuatro años se duplica su número: de los 6.152 del año 2002 a los 12.853 del ejercicio de 2006.
También, dentro de esta influencia social, cabe reseñar la entrada del COITI en febrero de 2003, como miembro fundacional de la Fundación Canaria de Ingeniería y Arquitectura Bethencourt y Molina.
El aumento de colegiados entre 2003 y 2005 fue destacado, pasando de 650 al millar. La oferta de titulaciones en ingeniería técnica industrial por parte de la Universidad de La Laguna a partir de 2000 fue el principal acicate para este crecimiento. Desde entonces colaboramos con la Escuela económicamente y a través de encuentros o premios, como los premios a los mejores proyectos de fin de carrera.
Pese a este optimismo, la profesión estaba inmersa en estos primeros años de la década en una reforma de las enseñanzas universitarias en Europa. Los ingenieros técnicos industriales demandaban una ampliación de créditos para la carrera a fin de convertirse en ingenieros generalistas.
En julio de 2006 en manos del entonces vicedecano, Antonio Rodríguez Hernández, se convierte en el máximo responsable del colegio tinerfeño. Rodríguez ya era miembro de la Junta de Gobierno desde 1998. En este sentido, y por citar algunos ejemplos, entre 2006 y 2009 el Colegio organizó unas jornadas de promoción de la ingeniería técnica en la Universidad de La Laguna. En mayo de 2009 se desarrolló, asimismo, una jornada dedicada a proponer nuevas oportunidades en tiempos de crisis. Todas estas iniciativas tuvieron repercusión en los medios de comunicación locales.
En 2008 se consolidó la tramitación del visado de conformidad y calidad de proyectos de instalaciones eléctricas, responsabilidad que se transmitió a los colegios profesionales, y se potenció el visado telemático. El futuro, tanto el de la profesión como el del propio Colegio, pasaban por el desenlace que finalmente tuviera la reforma de los estudios universitarios en España, para la integración de los mismos en el Espacio Europeo de Educación Superior, el llamado proceso de Bolonia, y la transposición de la Directiva Europea de Servicios. Una lucha en la que el Colegio, junto al Consejo General de Colegios, continuó en primera línea defendiendo los intereses profesionales.
2016-2025: Lucha permanente por el avance de la Profesión
En estos años y en colaboración con las administraciones públicas se sigue trabajando por el visado de calidad y conformidad que evitaba el intrusismo profesional. A finales del 2019, surge el covid-19, y el 14 de marzo España decreta el estado de alarma por la pandemia, por lo que se confina a toda la población y todos los trabajadores no imprescindibles dejan de trabajar o lo hacen desde sus hogares, además de que los colegios, institutos y universidades cierran. El Colegio de Ingenieros Técnicos cierra su sede y comienza su adaptación al teletrabajo y la teleasistencia al colectivo sin dejar de atender en ningún momento al colectivo. Se adapto también la forma de las Juntas de Gobierno a formato online y cancelación de los eventos y fiestas que habitualmente organizaba el Colegio.
El 21 de junio del 2021, con el final de la última prórroga del estado de alarma, el país pasó a lo que se ha denominado como “nueva normalidad”, con ello se reabrieron las puertas del colegio y poco a poco se fueron reorganizando los encuentros entre los colegidos, siempre garantizando las medidas de seguridad.
En diciembre del 2022 la Consejería de Energía deroga el visado de calidad y conformidad. Tras este varapalo el colegio sigue en la defensa de la profesión y poniendo en valor el visado estatutario.
De aquí en adelante se sigue en la lucha constante por la defensa de la profesión, en la formación del colectivo y haciendo todos los eventos habituales, para que todos los colegiados sigan manteniendo el contacto, con el nexo de unión del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Industriales de Santa Cruz de Tenerife.


